¿Quién soy y por qué tu apoyo puede cambiar la historia?
Mi nombre es Samuel Alejandro Urbina Blanco, aunque en el mundo del arte me conocen como Samādhi. Soy un joven venezolano de 28 años, internacionalista, investigador académico, percusionista y, sobre todo, un constructor de realidades.
Desde muy joven decidí que mi vida estaría dedicada a entender y transformar nuestro entorno. Como fundador y Secretario Ejecutivo de la red de acción climática RedClima, y como investigador enfocado en el desarrollo estratégico y la tecno-colonialidad, he dedicado mis años a buscar soluciones para los desafíos ambientales y sociales del siglo XXI. He tenido el honor de llevar la voz de Venezuela a foros globales: desde el Nasser Fellowship en El Cairo, hasta cumbres en Tokio, Accra, París y Ginebra.
En paralelo, mi vida es la música. Como percusionista, fusionando los ritmos sagrados del tambor batá con el hip-hop y el jazz, he pisado escenarios en festivales internacionales en Francia y Suiza, demostrando que el arte y el pensamiento crítico son dos caras de la misma moneda.
El reto actual: El último obstáculo de cristal
Hoy, estoy a las puertas de dar el paso académico más importante de mi carrera: he sido admitido en el Máster de Políticas Públicas y Administración (PPPA) en la Università degli Studi di Milano (UNIMI), en Italia. Este programa es la pieza clave que necesito para consolidar proyectos de alto nivel en los que ya estoy trabajando, como Hyloz, una iniciativa de finanzas regenerativas y tokenomics con la que busco honrar la filosofía del cambio constante.
Sin embargo, me enfrento a un muro puramente financiero.
Hace un tiempo, fui aceptado para cursar un Máster en Filosofía de las Ciencias en la Universidad de Ginebra (UNIGE). Fue un logro agridulce: al no obtener una beca a tiempo y no contar con los recursos propios, tuve que renunciar a mi cupo. Fue un golpe devastador, pero me prometí que no volvería a ocurrir.
Para este nuevo máster en Milán, logré postularme a la prestigiosa beca MAECI del gobierno italiano y, tras ser evaluado, he quedado oficialmente en lista de reserva. Esto confirma que mi perfil tiene el nivel, pero me deja en un limbo crítico contra el reloj.
La urgencia: Contra el reloj (21 de Septiembre)
Para que el Consulado de Italia en Caracas emita mi visa estudiantil y yo pueda estar en el aula el 21 de septiembre, la burocracia exige que demuestre de manera inmediata y fehaciente 11.500 euros de solvencia económica, además de cubrir en las próximas semanas una avalancha de gastos consulares:
Trámites de equivalencia académica europea (CIMEA).
Apostillas internacionales y traducciones juradas de mis expedientes.
Seguro médico internacional obligatorio para el visado.
Reserva de alojamiento en Milán y pasaje aéreo.
¿Por qué donar?
Esta campaña no es solo para pagar un boleto y un trámite consular; es para romper el techo de cristal financiero que frena a los investigadores latinoamericanos. Al apoyarme, estás invirtiendo en alguien que ya ha demostrado su compromiso con la acción climática, la academia y la cultura. Estás invirtiendo en el autor de libros como Posdata al 2100, en un embajador cultural y en un futuro diseñador de políticas públicas.
No quiero tener que escribirle otro correo a otra universidad europea diciendo que el dinero me venció.
Petitorio (Cómo ser parte de esto)
Ayúdame a cruzar esta meta antes de que termine agosto. Cada aporte es un ladrillo más en este puente hacia Milán:
Dona lo que esté en tus posibilidades: Todo, absolutamente todo, suma directamente al fondo de reserva exigido por el consulado.
Conviértete en mi multiplicador: Si no puedes donar, compartir esta campaña en tu Instagram, X, LinkedIn o grupos de WhatsApp es invaluable.
Redes y Conexiones: Si formas parte de organizaciones, fundaciones o conoces redes en Milán que apoyen a estudiantes internacionales (con alojamiento o patrocinios), tu conexión puede ser la clave.
De Guatire para el mundo, con el tambor en una mano y los libros en la otra. ¡Gracias por creer en mí!