En El Salvador, muchos ancianos sufren el abandono y la soledad. Viven en casas de lámina, sin recursos básicos, y algunos no pueden moverse ni valerse por sí mismos. Mi grupo de amigos y yo, motivados por nuestra fe y el deseo de servir a Dios, hemos formado una red de apoyo para ayudar a estos ancianos que no tienen a nadie más. Actualmente, ayudamos a más de 20 personas mayores, muchos de ellos ciegos o con discapacidades, que dependen completamente de la generosidad de otros para sobrevivir.
Con los fondos recaudados, queremos comprar medicamentos esenciales, sillas de ruedas, muletas, camas y alimentos. También buscamos cubrir gastos de luz y transporte al hospital, que pueden ser muy difíciles de costear, y apoyar a quienes cuidan a los ancianos más vulnerables. Cada donación será utilizada para mejorar la calidad de vida de estos ancianos, dándoles dignidad, consuelo y esperanza en sus últimos años.
Hermanos y hermanas, en el nombre de Dios los invito a aportar su granito de arena para ayudar a los más necesitados de avanzada edad. Los invito a hacer lo que Dios nos enseñó: visitar al enfermo y ayudar al necesitado. Todo lo que hagamos, hagámoslo para la gloria de Dios, porque fuimos creados para amar y bendecir. Su apoyo puede marcar la diferencia en la vida de quienes más lo necesitan.