Skip to content
    My name is Marjorie Calle, and on February 20, 2026, my father was ripped away from our family. My sisters are 6 and 11 years old. They are American-born little girls who did not understand what was happening that day — and honestly, neither did I. All we knew was that our dad was gone. The man who worked every single day of his life to make sure we had everything we needed, the man who built something from nothing just so we could have a better future — taken. Just like that. My father, Diego Calle Guaman, came to the United States in 2007 with one dream — to give his family a better life. He never stopped working toward that dream. For almost 20 years, he showed up. He took on any job he could find, sacrificed more than we will ever fully know, and eventually built his own mechanic shop from the ground up. He paid his taxes every year. He followed the rules. He did everything that was asked of him and more. And still, on February 20th, ICE officers surrounded his business — his own private property — and detained him. Not because he had done something wrong, but because of a case of mistaken identity. They were looking for someone else. In the process, they shattered his car window. In a matter of minutes, they shattered our family. My father is not just a provider. He is a good man. In 2025, he helped open an Alcoholics Anonymous group because he wanted to give back to people fighting battles of their own. Every week, he showed up to guide and support people who were struggling — because that is just who he is. A man who, no matter what he was going through, always found a way to show up for others. Now we are the ones who need someone to show up for us. I am the oldest daughter. Since the day my father was taken, I have been running his mechanic shop every day to keep it alive, helping my mom with bills, and trying to be strong for my little sisters — all while carrying a pain I cannot put into words. We came to this country for a better life. My father spent nearly 20 years building exactly that — quietly, humbly, and honestly. He deserves a fighting chance, and right now that chance depends on legal representation we can barely afford. Every single dollar donated goes toward bringing our dad home — back to his daughters, back to his family, back to the community that needs him. If you can donate, we are more grateful than words can express. If you cannot, please share our story. Sometimes being seen is the first step toward being saved. Our father belongs home. Please help us bring him back. —————————————————————————— Mi nombre es Marjorie Calle, y el 20 de febrero de 2026, mi padre fue arrebatado de nuestra familia. Mis hermanitas tienen 6 y 11 años. Son niñas nacidas en Estados Unidos que no entendían lo que estaba pasando ese día — y sinceramente, yo tampoco. Todo lo que sabíamos era que nuestro papá ya no estaba. El hombre que trabajó todos los días de su vida para asegurarse de que no nos faltara nada, el hombre que construyó todo desde cero para que tuviéramos un mejor futuro — se lo llevaron. Así, sin más. Mi padre, Diego Calle Guaman, llegó a los Estados Unidos en el 2007 con un solo sueño — darle una mejor vida a su familia. Nunca dejó de luchar por ese sueño. Durante casi 20 años, él siempre estuvo presente. Aceptó cualquier trabajo que pudo encontrar, sacrificó más de lo que jamás sabremos, y con el tiempo logró construir su propio taller mecánico desde cero. Pagó sus impuestos cada año. Siguió las reglas. Hizo todo lo que se le pidió y más. Y aun así, el 20 de febrero, oficiales de ICE rodearon su negocio — su propia propiedad privada — y lo detuvieron. No porque hubiera hecho algo malo, sino por un caso de identidad equivocada. Estaban buscando a otra persona. En el proceso, rompieron la ventana de su carro. En cuestión de minutos, destrozaron a nuestra familia. Mi padre no es solo un proveedor. Es un buen hombre. En el 2025, ayudó a abrir un grupo de Alcohólicos Anónimos porque quería ayudar a otras personas que estaban luchando sus propias batallas. Cada semana, él estaba ahí guiando y apoyando a quienes lo necesitaban — porque así es él. Un hombre que, sin importar lo que estuviera pasando, siempre encontraba la manera de estar para los demás. Ahora somos nosotros quienes necesitamos que alguien esté para nosotros. Yo soy la hija mayor. Desde el día en que se llevaron a mi papá, he estado manejando su taller mecánico todos los días para mantenerlo funcionando, ayudando a mi mamá con los gastos, y tratando de ser fuerte para mis hermanitas — todo mientras cargo con un dolor que no puedo poner en palabras. Vinimos a este país en busca de una mejor vida. Mi papá pasó casi 20 años construyendo exactamente eso — en silencio, con humildad y honestidad. Él merece una oportunidad de defenderse, y en este momento esa oportunidad depende de poder pagar una representación legal que apenas podemos costear. Cada dólar donado va directamente para traer a nuestro papá de regreso a casa — con sus hijas, con su familia, con la comunidad que lo necesita. Si puedes donar, estamos más agradecidos de lo que las palabras pueden expresar. Si no puedes, por favor comparte nuestra historia. A veces, ser vistos es el primer paso para ser salvados. Nuestro padre pertenece en casa. Por favor, ayúdanos a traerlo de vuelta.