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    En el sur de Kenia, en la región semiárida de Amboseli, más de 300 personas de la comunidad Maasai dependen hoy de un único pozo de agua. Aunque recientemente se ha construido un nuevo pozo comunitario, la realidad es que para muchas familias el acceso al agua sigue siendo extremadamente difícil: las mujeres y niñas caminan largas distancias cargando cubos de agua cada día, invirtiendo horas y un enorme esfuerzo físico solo para cubrir una necesidad básica. El cambio climático ha agravado una situación ya muy frágil. Las sequías son cada vez más frecuentes e intensas, el ganado —base de la cultura y economía Maasai— ha disminuido drásticamente, y la inseguridad alimentaria es una amenaza constante. Aun así, la comunidad está dando un paso valiente hacia el futuro: han empezado a crear huertos familiares y prácticas de agricultura sostenible, que mejoran la nutrición y la resiliencia… pero que necesitan agua para poder sobrevivir. ¿Qué queremos hacer? Nuestro objetivo es extender la red de distribución de agua desde el pozo existente hasta cinco aldeas y el centro comunitario, mediante la instalación de tuberías y depósitos elevados que permitan llevar el agua directamente a los hogares y a los campos de cultivo. Esto significa: Menos horas caminando para recoger agua Mejores condiciones de higiene y saneamiento Más alimentos gracias al riego de huertos familiares Más tiempo para la educación, el cuidado de la familia y actividades productivas Un impacto directo y duradero en la vida de toda la comunidad Un proyecto con la comunidad, para la comunidad El proyecto se desarrolla junto a Enduata Emaa, una organización comunitaria Maasai liderada por Samuel Lekato. La comunidad participará activamente en la gestión y mantenimiento del sistema de agua, con un pequeño fondo común que garantizará su sostenibilidad a largo plazo. Además, en los últimos años hemos trabajado sobre el terreno con formación en educación financiera, emprendimiento femenino, saneamiento y nutrición, fortaleciendo las capacidades locales y asegurando que esta infraestructura sea un verdadero motor de cambio. ¿Cómo puedes ayudar? Con una aportación total estimada de 8.000 €, podemos hacer realidad esta red básica de agua y mejorar de forma directa la vida de más de 300 personas. Cada donación cuenta. Cada euro acerca el agua a un hogar. Cada gesto ayuda a construir un futuro más digno y sostenible. Gracias por creer que el acceso al agua no debería ser un privilegio, sino un derecho.
    Hace dos años nació Louisiane, una niña con una malformación anal. A los 6 meses dejó de crecer. Su padre, desesperado, abandonó a la madre y le pidió que hiciera lo mismo. Ella, sin rendirse, gastó todo lo que tenía en médicos mientras vivía con su hermana. La situación llegó a ser tan dura que incluso le sugirieron dejar a la niña en un cuarto, esperando a que muriera de hambre. La madre, incapaz de aceptar esa idea, buscó refugio en las Hermanas de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta. Allí, meses después, conocimos su historia desde Amigos de Monkole. Decidimos actuar: llevamos a la niña al hospital Monkole, donde hoy está ingresada para recuperar peso y poder ser operada. Este GoFundMe quiere cubrir su hospitalización y cirugía. Apoyar a esta madre es apoyar la vida y la esperanza frente a la adversidad.
    Hola, soy Leti. A los 19 años, estando en mi segundo año de Enfermería, recibí un diagnóstico que me dejó en shock: Lupus con daño renal severo y resistente a tratamientos. Pasé un mes internada, rodeada de máquinas y exámenes que me hacían cuestionar mi futuro. Durante esta década de altibajos he vivido días interminables de dolor en mis articulaciones y en mi piel. Debido a la enfermedad, perdí mi cabello, tuve lesiones visibles en mi rostro y soporté miradas que herían más que las cicatrices. Mis médicos insistían: “Leti, tu salud está en riesgo; la presión de las prácticas y las guardias nocturnas podría desencadenar un brote grave de lupus. Quizá lo más sensato sea tomarte un descanso de la carrera.” Mi madre, al verme temblar de dolor tras una ronda de exámenes, me abrazaba sentada junto a mí en aquella fría habitación de hospital sosteniendo mi mano, entre lágrimas me pedía que pensara en mi vida, en mis riñones, en mi futuro. Mi padre, animándome a no abandonar mis sueños aun cuando mi cuerpo se sentía débil. A pesar de las recaídas constantes y los tratamientos agresivos, nunca dejé de trabajar y de estudiar. Me esforcé por no faltar a mis prácticas clínicas, a pesar del cansancio extremo y de los efectos secundarios. Aquel consejo calaba hondo, y hubo días en que casi apago mi ilusión. Sin embargo, cada mañana que me despertaba con el estómago agarrotado por la incertidumbre, cerraba los ojos y veía mi uniforme, mi bata, mi vocación. Aprendí a dosificar mis fuerzas: estudiaba en ratos cortos, y celebraba cada pequeño avance como si fuera un gran logro. Y así, paso a paso, entre cuidados médicos y lecciones de resiliencia, me negué a abandonar mi sueño, hasta que, con mi título en la mano y el corazón henchido de orgullo, demostré que ni el lupus ni el miedo serían más fuertes que mi determinación. Mis doctoras han sido un pilar fundamental, buscando soluciones, dándome esperanza y explicándome paso a paso cada nueva opción. Hoy se abre una puerta de esperanza: un tratamiento innovador en España que podría mejorar mi calidad de vida y devolverme la energía para ejercer como enfermera. Cuando me hablaron del tratamiento innovador en España, sentí cómo por primera vez en años se encendía una chispa de luz en mi interior. Fue como si, tras cada pinchazo de dolor y cada noche de incertidumbre, al fin alguien me tendiera la mano y me dijera: “Sigue adelante, tu sueño de cuidar a los demás aún es posible”. Esa promesa de esperanza me dio fuerzas renovadas para planificar mi viaje, organizar mi vida y creer de nuevo que, a pesar de todo, puedo conquistar cada meta que me proponga. Mi sueño es poder volver a cuidar de los demás con la pasión de siempre, agradecer a mis padres su incansable apoyo y mostrar a otras mujeres, que es posible. No solo es mi oportunidad para seguir luchando, sino una forma de tender la mano a todas las mujeres que enfrentan su batalla contra el lupus. Una enfermedad que es 9:1 más frecuente en mujeres que hombres y nos ataca principalmente en edades jóvenes. Quiero invitarte a ser parte de esta campaña, no solo con tu aporte económico, sino compartiendo mi historia para que llegue a quien pueda sentirse sola y sin esperanza. Cada gesto de ayuda se convierte en un mensaje de valentía: demuestra que, juntas, podemos transformar el miedo en motivación, el dolor en solidaridad y el desaliento en nuevas oportunidades. Apoyar esta causa es un abrazo colectivo que anima a otras personas a alzarse, creer en sus fuerzas y nunca abandonar sus sueños. Cada contribución me acerca a ese sueño. Si no puedes donar, compartir mi historia con tu red de contactos es igual de valioso. Gracias por leer mi historia y por ayudar a construir este nuevo comienzo. Juntos podemos marcar la diferencia. Porque el Lupus NO define tu HISTORIA. __________________________________________________ Hello, I’m Leti. At 19, in my second year of Nursing school, I received a diagnosis that left me in shock: lupus with severe, treatment‑refractory kidney damage. I spent a month hospitalized, surrounded by machines and tests that made me question my future. Over this decade of highs and lows, I’ve endured endless days of joint pain and skin lesions. I lost my hair to the treatments, suffered visible wounds on my face, and endured stares that hurt more than the scars themselves. My doctors insisted, “Leti, your health is at risk; the stress of clinical rotations and night shifts could trigger a serious lupus flare. It might be wisest to take a break from your studies.” My mother, seeing me tremble with pain after a round of tests, would sit by my side in that cold hospital room, holding my hand and, through tears, urging me to think of my life, my kidneys, my future. My father encouraged me to never abandon my dreams, even when my body felt too weak. Despite constant relapses and aggressive treatments, I never stopped working or studying. I pushed myself to attend every clinical practice, despite extreme fatigue and side effects. Their advice weighed heavily on me, and there were days when I almost let go of my dream. Yet each morning, waking with my stomach knotted by uncertainty, I’d close my eyes and picture my scrubs, my white coat, my calling. I learned to ration my strength: studying in short bursts and celebrating each small step as if it were a great achievement. Step by step, between medical care and lessons in resilience, I refused to give up my dream until, diploma in hand and heart swelling with pride, I proved that neither lupus nor fear could outmatch my determination. My doctors have been fundamental pillars, searching for solutions, giving me hope, and walking me through every new option. Today, a door of hope has opened: an innovative treatment in Spain that could improve my quality of life and restore my energy to work as a nurse. When they told me about this groundbreaking treatment in Spain, I felt, for the first time in years, a spark of hope ignite within me. It was as if, after every jab of pain and every sleepless night of doubt, someone finally reached out and said, “Keep going your dream of caring for others is still possible.” That promise renewed my strength to plan my trip, organize my life, and believe again that, despite everything, I can achieve every goal I set. My dream is to return to caring for others with the same passion as always, to thank my parents for their tireless support, and to show other women that it’s possible (Lupus attacks 9:1 female:male ratio and in our early teenage years). This is not only my chance to keep fighting but also my way of reaching out to every persona facing a similar battle against autoimmune diseases. I invite you to be part of this campaign not only with your financial support but by sharing my story so it reaches someone who may feel alone and hopeless. Every act of help becomes a message of courage: it shows that, together, we can turn fear into motivation, pain into solidarity, and despair into new possibilities. Supporting this cause is a collective embrace that encourages other women to stand tall, believe in their strength, and never give up on their dreams. Every contribution brings me closer to that dream. If you can’t donate, sharing my story with your network is just as valuable. Thank you for reading my story and for helping build this new beginning. Together, we can make a difference. Because Lupus Will Not Determine your HISTORY!