Hace dos años, mi familia y yo fuimos víctimas de una estafa digital que nos arrebató 50.000 euros.
Era todo lo que teníamos ahorrado. Creímos en una inversión segura, confiando en una plataforma que resultó ser parte de una red fraudulenta.
Denunciamos, luchamos, investigamos… pero el caso fue archivado.
Y el dinero, desapareció.
Mi hijo tiene parálisis cerebral y fue operado de un tumor cerebral (astrocitoma pilocítico).
Su vida no ha sido fácil.
Y ese dinero también significaba seguridad, tratamientos, futuro.
Perder esos 50.000 € fue como volver a empezar desde cero, en lo emocional y en lo práctico.
Desde entonces vivo con ansiedad, culpa y tristeza.
En una profunda depresión.
Me he aislado, me cuesta incluso salir de casa.
Pero no me puedo rendir.
Hoy no pido justicia —porque ya no la espero—, sino una oportunidad de empezar de nuevo.
Si muchas personas aportan sólo unos céntimos o unos euros, sin que apenas lo noten, yo podría cerrar esta herida y transformar esta experiencia en algo nuevo y esperanzador.
Cada donación, por pequeña que sea, es una forma de decir:
"No estás sola".
Y con eso, podría seguir.
Gracias por leer, por compartir o por aportar.





