Somos Joan y Vanesa , una pareja refugiada cuir, y Elizabeth, adulta mayor y madre de Joan, también refugiada. Somos tres personas neurodivergentes, artistas y activistas que huimos de la violencia con la esperanza de encontrar una vida digna. La violencia que vivimos fue motivada por lesbofobia , y nos obligó a dejarlo todo para seguir con vida. Esa esperanza aún resiste, pero hoy vivimos al límite.
Nuestra casa actual es de lámina. Cuando llueve, el agua entra sin permiso, empapa todo y nos recuerda que no estamos a salvo. El acceso al agua es escaso y, tras una inundación reciente, gran parte de nuestro hogar quedó destruido. Perdimos muebles, utensilios de cocina y una pieza esencial de nuestro taller artístico: el espacio desde donde intentamos sobrevivir creando.
Vivimos con miedo a la próxima lluvia.
Anhelamos algo que debería ser un derecho básico: una casa digna, un lugar seco, seguro, donde podamos descansar sin sobresaltos y reconstruir nuestra vida.
La violencia que atravesamos también aquí en México por lesbofobia y xenofobia dejó marcas profundas en nuestros cuerpos y nuestras vidas. Vanesa vive con dolor crónico de espalda que no desaparece y que requiere tratamiento constante. Elizabeth, la madre de Joan, vive con hipotiroidismo, parkinsonismo, artrosis de cadera y gonartrosis de rodilla. El dolor es permanente. Ya no puede permanecer de pie por mucho tiempo. Necesita con urgencia una silla de ruedas motorizada. Salir de casa se ha vuelto casi imposible, y el encierro la ha sumido en una profunda tristeza.
Yo, Joan, también tengo hipotiroidismo y actualmente sufro inflamación y dolores musculares intensos en todo el cuerpo. Necesito estudios médicos urgentes y una alimentación especial que hoy no puedo costear.
Nuestra familia incluye también a dos gatitos y una perrita. Son nuestro sostén emocional, nuestro refugio, nuestras hijas e hijo. Hoy tampoco podemos cubrir sus vacunas ni sus cuidados básicos.
Nuestra salud mental está al límite.
Vanesa requiere consultas psiquiátricas y medicación continuas como parte de su proceso de recuperación y cuidado de la salud mental. Durante años sobrevivió a una dinámica de violencia dentro de una familia narcisista que la revictimizó tras denunciar a su agresor sexual.
Además de no recibir apoyo ni ser creída, fue despojada de sus bienes y ahorros. A esto se suma el desgaste emocional y psicológico que ha implicado intentar denunciar a estas personas, quienes continúan hostigándola hasta el día de hoy, lo que ha impactado gravemente su salud mental y emocional.
El acceso a atención psiquiátrica es fundamental para su estabilidad, seguridad y proceso de sanación.
Elizabeth necesita terapia psicológica para atravesar la depresión y el aislamiento que ha provocado su condición física y el desarraigo.
Sin estos apoyos, el dolor se profundiza.
Esta semana, además, no hemos logrado cubrir nuestras necesidades básicas de alimentación.
Y aun así, seguimos creando.
A pesar de todo, hemos entregado a México arte, cultura, ternura y cuidado colectivo. Creamos desde la herida, desde la resistencia y desde el amor. Acompañamos a otras personas que, como nosotras, luchan por sanar y no rendirse.
Nuestro proyecto artístico, Poesía Pintada, es un acto de supervivencia. Une poesía, pintura y memoria para contar lo que duele y lo que resiste. Es nuestra forma de sanar y de tejer comunidad.
También trabajamos desde Sublime, la Agencia, ofreciendo diseño gráfico, ilustración, marketing digital e impresiones, intentando sostenernos con dignidad.
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Hoy necesitamos ayuda urgente
Tu apoyo puede marcar la diferencia entre seguir resistiendo o quedarnos sin suelo.
Necesitamos:
• Alimentos libres de gluten y adecuados para nuestra salud
• Medicación para el hipotiroidismo
• Medicación para el dolor crónico
• Atención psiquiátrica y medicación para Vanesa
• Terapia psicológica para Elizabeth
• Una silla de ruedas motorizada para Elizabeth
• Reponer lo que el agua nos arrebató
• Vacunas y cuidados básicos para nuestros animales
• Cubrir renta y servicios
• Mudarnos a una casa digna, segura y céntrica, con espacio suficiente para vivir y trabajar, en renta solidaria, en una colonia con calles planas que permitan a Elizabeth volver a salir, moverse y sentirse parte del mundo.
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Cualquier aporte, por pequeño que parezca, puede cambiarlo todo.
Si no puedes donar, compartir esta historia también salva.
Apoyarnos es apostar por la vida, la dignidad y la ternura.
Con el corazón en la mano,
Joan, Vanesa y Elizabeth






