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Somos cinco en casa: mis padres, mis tres hermanos mayores y yo, el menor. Mi papá es panadero y mi mamá, que siempre ha cuidado de nuestro hogar, ahora está más atenta a mí por mi enfermedad.
Mi vida cambió en septiembre de 2025. De pronto, sentí una pequeña bolita en mi cuello. Preocupados, mis papás me llevaron al doctor, quien notó mis ganglios inflamados. Los estudios urgentes confirmaron que algo no iba bien.
El especialista nos dio el diagnóstico: un tumor maligno. Tras la biopsia, llegó la noticia que asustó a mi familia: tenía Linfoma de Hodgkin. Fui referido de inmediato a la Fundación Castro Limón y al Centro Oncológico Pediátrico.
Mis padres estaban muy preocupados, pero con valentía, mi mamá buscó apoyo. Hoy soy paciente del Centro Oncológico.
Ahora estoy en tratamiento activo y, afortunadamente, ¡me siento mucho mejor! Mis papás y hermanos están más tranquilos y me dan fuerzas cada día.
Ha sido un proceso difícil: extraño la escuela y a mis amigos, pero sé que todos estos cambios son temporales. A pesar de todo, aprendí a vivir este proceso.
Mi corazón se llena de esperanza: sé que pronto terminaré mi tratamiento. ¡Sueño con que todo vuelva a la normalidad! Podré hacer de nuevo todo lo que me gusta, completamente sano. ¡Sé que lo lograré!

