Support for Milca

Milca has been selling Mexican tamales for seven years. She walks a daily route, making stops to sell to clients in her neighborhood and continuing on to busy commercial areas.

When the pandemic hit, Milca stayed home to keep her family safe. She sacrificed her income throughout spring and summer, waiting and hoping for conditions to change. When August arrived, Milca felt safe enough to resume selling, but fell and fractured her foot after a few short weeks of working. She can barely stand in the morning to make breakfast for her family; soon her foot is swollen and aching. She tries to rest as much as possible to aid her recovery. After 6 weeks, her doctor tells her she will be able to bear weight, but it may be up to 3 months until she can resume the long hours of walking to sell her tamales.

Milca’s family lives paycheck to paycheck in the best of times. Her family’s requests for economic assistance have gone unanswered by overburdened public service agencies. When her husband was sent home without pay at the beginning of the pandemic, he received weekly letters informing him that his claim for unemployment insurance was approved, but the deposits never came. He has since returned to his job, but at half of the hours that he previously worked. Now that he is under-employed, letters arrive informing him that he no longer qualifies.

As time goes by and the bills pile up, Milca stretches her family’s income. She buys food and watches unpaid electricity bills accumulate. Her three young daughters attend virtual classes every day and they need more light to do their homework as the days get shorter. With five people spending more time than ever in their apartment, their utility bills have all increased.   

Her biggest concern is the largest debt of all: their rent. They are four months behind. Milca is grateful that she doesn’t have to worry about eviction, but each month means another $1,082 to add to a growing debt.

Help us lift up our community member and her family during this crisis. We are seeking to ease some of their burden by raising $4,000 towards their rent debt.

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Milca se ha dedicado a vender sus tamales mexicanos los últimos siete años. Ella camina una ruta diaria, haciendo paradas para vender a clientes en su vecindario y continuando a áreas concurridas de comercio.

Cuando llegó la pandemia, Milca se quedó en casa para cuidar la salud de su familia. Ella sacrificó sus ingresos durante la primavera y el verano, esperando que las condiciones se mejoraran. Al iniciar el mes de agosto, Milca decidió resumir su venta pero dentro de pocas semanas, se cayó y fracturó su pie. Ahora le cuesta pararse en las mañanas para hacer de comer para su familia; dentro de poco su pie se hincha y le adolora. Milca intenta descansar lo más que pueda para facilitar su recuperación. Después de 6 semanas, su médico le ha dicho que va poder pararse, pero puede tardar 3 meses hasta que vuelva a caminar las horas necesarias para vender sus tamales.

La familia de Milca viva de un día de pago al siguiente. No han tenido respuesta a sus solicitudes de asistencia económica, realizadas ante instancias sobrecargadas del sector público. Al inicio de la pandemia, a su esposo lo mandaron a casa sin su sueldo. Les llegaron cartas cada semana informándoles que su aplicación para el seguro de desempleo había sido aprobada, pero nunca les llegó el depósito. Desde entonces, él ha regresado a su trabajo, pero le han contratado para la mitad del tiempo que trabajaba antes. Ahora que está subempleado, le llegan cartas informándole que ya no califica para el pago que jamás recibió.

Mientras pasa el tiempo y las facturas se van acumulando, Milca intenta estirar los ingresos de su familia. Al tener que decidir entre gastos necesarios, ella compra alimentos mientras las facturas de luz se van incrementado. Sus tres hijas jóvenes asisten a clases virtuales y cada día requieren más horas de electricidad mientras los días se hacen más cortos. Siendo cinco personas en una familia que está pasando más tiempo que nunca dentro del departamento, todas las facturas han incrementado.

Lo que le preocupa más a Milca es la deuda más grande: la renta. Están cuatro meses atrasados en pagar la renta. Milca se siente agradecida que no teme ser desalojada, pero con cada mes, se va agregando $1,082 a una deuda creciente.

Únete en apoyar a nuestra vecina y su familia durante esta crisis. Buscamos aliviar algo de su peso con juntar $4,000 destinado a su pago de alquiler.

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Organizer

Rebecca Chavez 
Organizer
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