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Hay decisiones que no se toman por comodidad.
Se toman por coherencia.
No es fácil vivir en este país cuando ejercer el periodismo con independencia tiene costos. Y mucho menos cuando el exilio deja de ser una palabra y se convierte en rutina.
Nunca he querido involucrar directamente a quienes han intentado silenciar mi trabajo. No les daré ese protagonismo. Pero tampoco voy a fingir que la vida fuera de casa es sencilla.
Durante mucho tiempo rechacé esta idea. Me la sugirieron varias veces. La pensé, la descarté, la volví a pensar. Me costó aceptar que pedir apoyo también es un acto de valentía.
Hoy lo hago con transparencia.
Mi trabajo ha sido —y seguirá siendo— independiente, documentado y frontal. Pero sostenerlo desde el exilio implica costos que no siempre se ven: vivienda, movilidad, seguridad digital, investigación, tiempo.
Por eso abro este espacio.
No como una donación.
Como una inversión en periodismo libre.
Si alguna vez mi trabajo te informó, te incomodó o te representó, y deseas aportar —desde un centavo hasta lo que tu corazón y tus posibilidades permitan— será recibido con gratitud y con responsabilidad.
Cada aporte es una forma de decir:
“No estás sola. La verdad importa.”
No prometo comodidad.
Prometo coherencia.
Gracias por leer. Gracias por compartir.
Y gracias por creer que la transparencia no se negocia.
— Michelle Mendoza


