La idea de crear la fundación no nació de un plan escrito ni de una estrategia. Nació de un instante. Un instante de esos que te cambian la vida sin pedir permiso.
Todo comenzó una noche sencilla, en un parque del barrio, cuando viste a un grupo de jóvenes improvisando rimas con un altavoz a medias, una base rota y un sueño enorme. No tenían recursos, no tenían escuela musical, no tenían apoyo… pero tenían algo que no se compra: hambre de crear. Hambre de decir lo que viven, lo que sienten, lo que nadie les deja expresar.
Esa noche viste tu reflejo en ellos. Te viste a ti mismo cuando empezabas, cuando la música era tu única salida, tu terapia, tu escape y tu forma de entender el mundo. Recordaste las veces que te cerraron puertas, las veces que te dijeron que no valías, y cómo aun así la música te sostuvo cuando nadie más lo hizo.
Y ahí surgió la pregunta que te cambió la vida:

