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Hola, mi nombre es Lourdes Romo, pero todos me dicen Lulú. Soy originaria de Guadalajara, Jalisco, y quiero compartir con ustedes mi historia de lucha, esperanza y resiliencia frente a uno de los retos más grandes de mi vida: la leucemia mieloide crónica.
Mi diagnóstico llegó en marzo del 2020, después de varios meses con síntomas que no lograba entender: escalofríos constantes, pérdida de peso, sudores nocturnos, moretones sin razón y mucho cansancio. Desde ese momento comenzó una larga batalla. Probé diversos tratamientos orales con la esperanza de mantener la enfermedad bajo control, pero ninguno funcionó como esperábamos. Los efectos secundarios fueron intensos, y los años pasaban sin ver mejoría.
En 2024, mis médicos me hablaron de un trasplante de médula ósea como la única opción para alcanzar la remisión. Afortunadamente, mi hermana resultó ser compatible al 100%, y así iniciamos el protocolo para el trasplante en el Centro Médico Nacional Siglo XXI en la Ciudad de México, ya que en mi estado no se realizan estos procedimientos.
Tuve que mudarme a la CDMX y dejar a mi familia atrás para enfrentar este reto. El trasplante se realizó el 3 de octubre de 2024. Estuve en aislamiento total durante un mes en la llamada “burbuja”, sin contacto con nadie más que médicos y enfermeras. A pesar del cansancio extremo y los efectos de la quimioterapia, seguía con esperanza.
Tras recibir el alta, continué mi recuperación en un departamento en la ciudad, con cuidados muy estrictos, tomando más de 30 medicamentos diarios y manteniéndome aislada. En enero de 2025 me sentía mejor y pensaba que pronto regresaría con mis hijos y mi esposo. Pero todo cambió de nuevo...
En febrero comencé con diarreas severas y un nuevo diagnóstico: enfermedad injerto contra huésped (EICH) intestinal severa, una complicación grave del trasplante. Me sometí a un trasplante de microbiota, pero sufrí una peritonitis que me llevó a una cirugía de emergencia donde retiraron parte de mi intestino y me hicieron una ileostomía. Perdí mucho peso y masa muscular. Pasé de pesar 81 kg a solo 48 kg.
En marzo, viví un choque séptico que casi me quita la vida, y posteriormente contraje COVID-19, lo que me mantuvo más tiempo hospitalizada. Al poco tiempo, desarrollé una grave artritis séptica en ambas rodillas, lo que derivó en múltiples cirugías y afectó mi movilidad. Los médicos me dijeron que una de mis rodillas quedó con el daño equivalente al de una persona de 60 años.
Hoy sigo en recuperación, con la esperanza intacta y agradecida por cada día de vida. A pesar del dolor, de la distancia con mi familia, de la incertidumbre y del desgaste físico y emocional, sigo luchando. Aún tengo que enfrentar más procedimientos, aprender a vivir con una ileostomía y volver a caminar por mí misma.
¿Cómo puedes ayudar?
Los gastos médicos, tratamientos, medicamentos, traslados, renta en la CDMX y rehabilitación han sido muy difíciles de cubrir. Por eso recurro con humildad a ti: tu ayuda puede hacer una gran diferencia en este camino de sanación.
Cualquier aportación, por mínima que sea, será una luz en este proceso. Si no puedes donar, también me ayudas compartiendo esta campaña para que llegue a más corazones solidarios.
Con todo mi cariño y esperanza,
Lulú

