
NIÑOS DE GRACIA AYUDA HUMANITARIA PARA VENEZUELA
Be the first to donate
Inspire others and help Carmen build momentum.
1st donor
Soy Nathali Perlaza y quiero contarte que hay algo que ninguna madre puede ver sin que el corazón se le rompa en mil pedazos: un niño solo. Un niño rescatado con vida de entre los escombros, que abre los ojos y no encuentra a nadie que lo reclame. Que tiende sus pequeñas manos… y no hay nadie que las tome.
Esta tragedia que ha sacudido nuestro país me golpeó en lo más profundo de mi ser, no solo como venezolana, sino como mamá. Porque cuando vi que muchos de los niños rescatados con vida habían quedado huérfanos —sin padres, sin representantes, sin nadie que los reclamara— entendí que el dolor más grande no era el derrumbe físico, sino ese vacío invisible que los dejaba en estado de absoluta vulnerabilidad frente a un mundo que, en sus versiones más oscuras, los miraría como presa fácil.
Y no podía quedarme de brazos cruzados.
NIÑOS DE GRACIA nace de esa urgencia de madre, de esa necesidad impostergable de garantizar que cada niño rescatado sea visto, registrado, protegido y acompañado. Queremos generar una línea de tiempo que comience en el momento mismo del rescate y no se detenga hasta saber dónde está ese niño, quién lo cuida y cómo está su corazón.
Por eso abrimos la posibilidad de casas hogar, refugios y familias de acogida temporal, que puedan recibirlos en estos momentos tan críticos con brazos abiertos, con calidez humana, con amor. No como un número en una lista, sino como lo que son: un niño de Dios que merece ser amado.
Y a cada uno de ellos —a cada pequeño ser que haya sido rescatado— le vamos a proveer un KIT DE ATENCIÓN EPE: Espiritual, Psicológico y Emocional. Porque restaurar un cuerpo sin restaurar el corazón no es suficiente. Estos niños han visto, sentido y vivido cosas que nunca debieron experimentar. Necesitan ser sanados por dentro.
Desde su ubicación, el tiempo debe ser bien administrado con recursos reales, con profesionales comprometidos, con comunidades de fe que los abracen, con educación que los devuelva a su propósito. Porque cada niño rescatado no solo merece sobrevivir. Merece vivir. Merece florecer. Merece una restauración plena e integral.
Junto al Kit EPE, queremos también proveerle a cada niño una lista completa de artículos esenciales: higiene personal, ropa y calzado, material cristiano, recursos educativos, juguetes, alimentos no perecederos y todo lo necesario para que ese niño, en medio de la tormenta, sienta que alguien pensó en él. Que alguien lo vio. Que alguien fue a buscarlo. Puedes encontrar la lista completa de artículos al final de este documento.
✝️ NUESTRA CONVICCIÓN BÍBLICA
"El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos."
— Lucas 4:18
"Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios."
— Isaías 40:1
"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación."
— 2 Corintios 1:3–4
"El que recibe a un niño como este en mi nombre, a mí me recibe."
— Mateo 18:5
Fuimos llamados a ser luz en medio de la oscuridad. No a mirar desde lejos mientras el dolor arropa a los más pequeños, sino a entrar en la oscuridad con una lámpara encendida y decir: "aquí estoy, no estás solo." Fuimos llamados a consolar, no porque tengamos todas las respuestas, sino porque el Dios que nos consoló primero nos comisiona a llevar ese consuelo a otros.
Y en el rostro de cada niño rescatado, en sus ojos asustados, en sus manos pequeñas extendidas buscando calor, hay una pregunta sagrada que solo nosotros podemos responder con acción: ¿Serás tú el rostro de Jesús hoy?
Resguardar a un niño con amor, acogerlo, protegerlo, verlo, abrazarlo, proveerle lo que necesita… eso es ser el rostro de Jesús en la tierra. Eso es ser la Iglesia viva. Eso es cumplir el propósito más alto al que un ser humano puede ser llamado: amar como Él amó.
