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Mi nombre es Dahlia Cecilia Estrada González y hoy me atrevo a pedir ayuda, algo que nunca imaginé tener que hacer.
Soy maestra titular de kínder 1. Mi trabajo no es solo dar clases: es acompañar, cuidar, amar y ser parte de uno de los momentos más importantes en la vida de mis alumnos. Ellos son mis “bebés”, y este año ha sido especialmente significativo porque están por cerrar su primer año escolar, su primera graduación… un momento que solo sucede una vez.
Hace poco sufrí un accidente inesperado que cambió por completo mi rutina y mi estabilidad. Además del dolor físico, llegó una preocupación enorme: no cuento con el dinero necesario para cubrir todos los gastos que este accidente implica. Aun así, cada día me levanto con la esperanza de poder seguir adelante, porque rendirme no es una opción cuando hay tantos corazones que dependen de mí.
Lo más difícil de todo no es solo la parte económica. Es el miedo de no poder estar presente, de tener que faltar, de perderme esa etapa final tan especial con mis alumnos, de no verlos concluir, de no abrazarlos y decirles “lo lograste”. Ellos no lo saben, pero me dan fuerzas incluso en los días más duros.
Además, soy mamá. Mi hija es mi motor, mi razón para no caer, mi inspiración para seguir luchando aun cuando el cuerpo duele y el alma se cansa. Ella me recuerda todos los días por qué debo salir adelante.
Hoy abro mi corazón y pido apoyo. Cualquier ayuda, por pequeña que parezca, hace una diferencia enorme. Me ayudará a cubrir los gastos que hoy no puedo afrontar sola y, sobre todo, me permitirá seguir siendo la maestra que mis alumnos necesitan y la mamá que mi hija merece.
Si no puedes donar, compartir esta historia también es una forma inmensa de ayudar.
Gracias por leerme, por acompañarme y por tenderme la mano en este momento tan vulnerable de mi vida.
Con gratitud infinita,
Dahlia






