- R
Hola, mi nombre es Sara Yuliana Zambrano Maya.
Tengo 15 años y hoy quiero contar mi historia con mis propias palabras, aunque hacerlo duele profundamente.
El 23 de julio llegué a un lugar para hacer mi trabajo ese día. Un amigo me invitó y me insistió en que fuera, diciéndome que podía ganar 15.000 pesos, dinero que yo quería usar para comprarle un regalo de cumpleaños a mi hermana. Mi amigo finalmente no fue, envió a su hermana, y en el lugar estaban cuatro personas más: dos hombres y dos mujeres.
En una habitación estábamos la otra niña y yo. Desde el inicio noté un comportamiento muy sospechoso, algo no se sentía bien. Yo solo quería terminar rápido e irme, incluso algo dentro de mí me decía que me fuera de ese lugar, pero no me fui porque aún no había terminado.
Después de unos minutos, estas personas llegaron y le echaron una mechera o breket a una poma de alcohol, que explotó de inmediato. Ellos salieron corriendo burlándose y nos dejaron encerradas. Yo gritaba, pedía ayuda, suplicaba que nos abrieran, pero no lo hacían, solo se burlaban.
En la desesperación intenté salirme por una ventana, pero no pude porque había rejas. Sentía cómo mi piel se derretía, el fuego cada vez tomaba más fuerza y el humo me ahogaba. Llegó un momento en el que ya no tenía voz para gritar, no podía respirar y pensé que ya no iba a salir de ahí.
Después de unos minutos abrieron la puerta, pero yo ya estaba inconsciente. Ayudaron a salir a la otra niña, pero a mí me dejaron allí. Luego me hicieron bajar las gradas como pude, sin ayudarme realmente.
Como un milagro de Dios, mi mamá entró al lugar y me encontró envuelta en llamas. Me sacó en sus brazos, desesperada, porque yo no respondía y nadie nos ayudaba: no había ambulancia, no había primeros auxilios, no había nada. En ese momento sentía que ya no podía más.
Después llegó mi papá, y con las pocas fuerzas que tenía le señalé dos veces a las personas que me habían quemado. Mi papá se concentró en llevarnos de inmediato al hospital a la otra niña y a mí.
Los dueños de la fábrica clandestina no llegaron en ese momento. En ese lugar no había normas de seguridad, no había protocolos, no había primeros auxilios, y había menores de edad trabajando, sin ninguna supervisión adulta. Los dueños eran los padres de la otra niña. Más de dos horas después, cuando finalmente llegaron, lo primero que hicieron no fue preguntar por nosotras, sino revisar cómo estaba el lugar.
Desde ese día mi vida cambió para siempre.
Fui quemada en el 80% de mi cuerpo. He pasado por más de 71 cirugías y aún necesito muchas cirugías reconstructivas, tanto en mi cuerpo como en mi cara, que son muy costosas. Han tenido que raparme el cabello para poder sacar piel de mi cabeza y usarla para injertarme en el abdomen y en otras partes de mi cuerpo.
Además, necesito muchísimos tratamientos y terapias: cremas especiales, medicamentos, terapias físicas y psicológicas, y la atención constante de pediatras, nutricionistas, cirujanos, odontólogos, cardiólogos y otros especialistas, porque debido a la gravedad de mis quemaduras mi cuerpo necesita el cuidado de muchas especialidades médicas.
A pesar de todo, sigo luchando. Todavía me falta volver a caminar, enfrentar más cirugías y aprender a vivir con cicatrices que no solo están en mi cuerpo, sino también en mi corazón. Hay días muy duros en los que me pregunto por qué me hicieron esto, pero sigo aquí, aferrada a la vida.
Hoy pido ayuda con humildad.
Cada donación, por pequeña que sea, es una ayuda real para que yo pueda cumplir el sueño de acceder a mis tratamientos, seguir luchando y salir adelante, aun cuando intentaron arrebatarme mis sueños.
Gracias por leer mi historia, por creer en mí y por ayudarme.
Cada aporte, cada oración y cada vez que compartes mi historia me da fuerzas para seguir.
Con amor,
Sara Yuliana





