HUIR PARA VIVIR

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HUIR PARA VIVIR

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El 27 de diciembre de 2024 dejamos nuestras vidas. Hace un tiempo ya que dejamos nuestro querido hogar, nuestra familia, nuestras amistades, dejamos nuestros trabajos, nuestras rutinas…
Nuestros hijos dejaron sus colegios, sus clases, su parque, sus vidas, nuestras vidas, la vida…

Supongo que será la necesidad o las ganas no lo sé, pero no cayó una lágrima en ninguna de las despedidas. Sí… fueron amargas, fueron tristes, duras, pues no es fácil despedirse de la gente que quieres y que te quieren. Para mí lo más doloroso fue ver a mi familia sufrir, a mi mujer y a mis hijos despedirse, ver cómo lloraban me frustraba, pero no cayó una lágrima… fue doloroso pero aun y así ya van meses que no cae una lágrima. Al final la decisión de marchar solo fue sobrevivir, sobrevivir al monstruo.

Para muchas personas cuando les decíamos que nos íbamos a vivir a un pueblecito de la sierra sur de Jaén, todo eran palabras bonitas. Bueno no sé si sería la palabra, al final no todos sabían la realidad del porqué nos íbamos a emprender un viaje a 1000 km de casa, lejos de mi cultura, de mi querida playa, de mi querida montaña, en fin, de mi querido pueblo.

Comenzar una nueva vida a 1000 km, con mi mujer, la que es mi mejor amiga, mi compañera de vida, la que en ningún momento me ha soltado la mano, y a nuestros 40 años, con un hijo adolescente de 14 años y una hija de 9 años, resulta una aventura.

Muchos conocidos nos decían lo bien que viviríamos en el sur, pues la vida es más tranquila aquí, y sí, estamos viviendo más tranquilos si es cierto, más tranquilos porque al menos no vivimos alerta las 24 horas. La alerta de no encontrarme al monstruo que me arruinó la vida, el que se llevó mi felicidad, mi infancia, pues con el miedo mueren los sueños, el monstruo que hizo que dejara de estudiar, el que por vivir en silencio engordé 20 kilos, el monstruo que me trajo tanto dolor físico durante más de 25 años, el monstruo que me silenció emocionalmente y tomé tantas malas decisiones… el monstruo, sí, ese monstruo que me violó con 14 años.

Tenía ganas de comerme el mundo, pero ese hijo de puta me comió a mí.

Hace poco más de un año que estamos en Alcalá, y estamos bien, pues tenemos lo necesario y lo básico para vivir y lo más importante, estamos juntos, yo y mi familia, mi familia y yo y eso es lo único importante.

Para mí no ha sido un traslado, ni un cambio de vida, para mí ha sido una huida, ha sido sobrevivir. Dejarlo todo y huir con mi familia, arrastrar a mi mujer y a mis hijos de nuestra tierra, supongo que ya no suena tan bonito…

Aprendí que no es el sitio, es con quién estés. A veces hay que hacer sacrificios para seguir hacia adelante, y saber dónde no quiero volver, es suficiente.

Ahora la pena pesa un poco menos, pero me pesa.

La culpa es lo que más duele, pues sigue ahí, eso es lo más duro, aunque mi compañera ni ha titubeado con este cambio, me ha seguido porque cree firmemente que era lo mejor y la única opción sana. Pero me pesa, pues a pesar de todo me siento culpable… culpable por mi mujer, por mis hijos, ellos no merecen pasar por todo esto… y mi familia, y mis amigos de allí ¿qué pensarán? Por mi culpa se han quedado sin Satu, sin Lamin, sin Àfrica, eso me pesa. Me pesa y mucho, ¿qué pensarán?

No puedo dejar de pensar, las pesadillas son diarias y horribles, tener que dormir solo, ni una noche en paz, los gritos durmiendo, el miedo, la angustia. ¿Y con quién hablo que me entienda? ¿A quién le digo cómo me siento? La gente estará cansada de oírme, y yo también estoy cansado de hablar, de gritar ayuda, no quiero molestar más, pues todos tienen sus vidas y sus problemas, pero duele. Me duele la vida como a muchos, pero aún la lucho.

Escribo dolor, porque sufro al hacerlo.

Cuando hablo con algunos amigos y amigas de la Fundación donde me reunía cada dos semanas, personas que han sido abusadas, violadas cuando eran menores igual que yo. Me explican cómo se sienten, les escucho, les comprendo de verdad, luego les explico y me siento escuchado y comprendido… me siento en casa, me siento seguro. Cuando escuchas a alguien decirte que eres fuerte por todo lo que haces por tu familia, lo recibo con amor, lo siento así, pero cuando alguien que ha pasado por lo mismo que yo me dice que soy fuerte, me siento fuerte de verdad.

He buscado una solución para vivir en paz con mi familia, pues en Premià solo tenía dos opciones, la cárcel o la muerte.
Sentía dentro mucha rabia, la rabia de un niño palestino, pues está claro que en Premià no podía encontrar esa paz.

No he tenido paz durante 27 años y tengo 42. Aunque los últimos 2 años y medio han sido una tortura, ahora ya no quiero morir, ya no… pero sí he querido morir y casi lo consigo. La muerte nunca dolerá tanto como la vida. Pensaba en la muerte como algo dulce, pero no estaba loco, estaba roto, pues el sufrimiento, el dolor que sentía en mi corazón, en mi alma era demasiado. Por desgracia conocí a la pena, y ojalá hubiera sabido hacer el cante jondo o ser músico de blues, pues la pena se canta, no se habla.

No quería morir, solo quería dejar de sufrir.

No sé qué nos traerá esta nueva vida, pero quien obra de corazón no teme a equivocarse. Mirando el presente tenemos la suerte de decir que hemos podido empezar realmente una vida nueva, estamos arrancando aún, pero estamos.

Porque la vida es una cosa, y vivir es otra… y ahora te presto mis ojos y mis dedos… y ahora escribe tú, porque quien juzgue mi pasado que se atreva a vivirlo.

Como dice la canción Himno de vivir de Rafael Lechowski: “He aprendido en este tiempo que el dolor te hace fuerte, el sufrimiento debilita y cuando muere el miedo a la muerte, nace el amor a la vida.”

Organizer

XAVIER MUNUERA SERRANO
Organizer
Alcalá la Real, AN
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