- M
- J
--------VERSIÓN EN ESPAÑOL ABAJO--------
As some of you may know, less than a year ago, my dad suffered from a heart attack which forced doctors to use four stents on his heart, three more stents than we expected. That was a huge financial blow to us, but thanks to the support of family, brothers and sisters, and friends we managed to get ahead of the crisis– or at least that's what we thought.
I think we've all been there; moments when we think to ourselves, "why me?". Sometimes stats play with our minds. According to the doctor who first treated my dad in 2019, there is only a 3% chance that using stents will not be optimal for the patient. Have you reached the logical conclusion yet? If you thought my dad's body rejected the stents, you're right. At one point, before the doctor told us anything, I had a bad feeling and my heart [ironically] could be seen, pumping through my T-shirt.
"Of the more than eight hundred patients I’ve used stents with," the Doctor said, "three or less have had these kinds of complications."
My dad is one of those rare cases in which stents don't help. Three out of the four stents that were placed were almost completely blocked in less than ten months.
"All we have left right now is open-heart surgery," the doctor continued.
Danny, Andy and I froze while hearing those words. Leaving aside the feeling of anguish, my calculating brain started crunching numbers, as usual.
"Your dad's situation is extremely delicate and you have to operate as soon as possible… but the economic aspect is one of the things that can delay this type of surgeries because it is a huge investment..."
I thought to myself, "If my dad gets operated here [at the public state hospital in Tegucigalpa, Honduras], the expenses are going to be higher than that of catheterization, but we're going to be able to cover it, like we did last time." My hopes, always high, were moved in an instant.
"... unfortunately," he continued, "these surgeries are usually done at the Thorax Hospital [another Honduran public state hospital] and right now the hospital is packed and not taking any patients due to the current health crisis. Our only option at this moment is a private hospital."
As we left the hospital, a black cloud soared over us. While Andy and I were on our way home with my dad, Danny went to quote the surgery at the hospital where the doctors assured us would be the only viable option. Upon receiving the estimated basis of the surgery, we realized how difficult this whole process was going to be. With the estimate in our hands, I spoke with several of my friends who are doctors. Each of them hammered that nail of reality a little more into my mind. That estimated cost could easily be doubled. In terms of costs, this type of surgery is only overcome by neurological surgeries.

A year ago, we thought we were going through a tough crisis. We didn't know that God's providence would bring us to this point where last year is child's play by comparison.
Now, my dad's home, surrounded by his family. His grandchildren visit him every day. He's happy and feels good physically. His heart is working well, as far as can be expected. But, according to doctors if the obstructions in his arteries block completely, he will pass away suddenly. This could happen any time now.
Surgery is urgent. We don't have the money to pay for it, and my dad's “hanging by a thread”. As a son, I can only try my best to save my dad's life by any means possible. I have faith. Faith that God has put before us many means by which He can provide us what we need to help preserve the old man's life. I have faith that God is sovereign and has absolute control over every atom in the universe. I have faith, not only that God is sovereign, but that he is Wise, Good, and Loving. There is nothing that happens in this world that is not under his sovereign, wise, good, and loving control.
As I said in last year’s fundraising campaign: we appeal, not to my dad's excellence. We appeal to the grace of God manifested through those around us. If God has allowed you to be a vessel by which His blessings turn to our lives, we would be incredibly grateful as a family for your financial support.

I thank God very much for those who have always supported us in one way or another. I thank everyone who supported us in what was at the time the hardest trial we had gone through as a family, in November last year. And I thank in advance all those who will continue to support us with their prayers, encouragement, and help.
When peace like a river, attendeth my way,
When sorrows like sea billows roll
Whatever my lot, thou hast taught me to say
It is well, it is well, with my soul
It Is Well With My Soul
Horatio Spafford
---------------------------
Como muchos de ustedes lo saben, hace menos de un año, mi papá sufrió de un ataque cardíaco que obligó a los médicos a aplicarle cuatro stents, tres más de los que esperábamos. Eso para nosotros fue un golpe durísimo, pero gracias al apoyo de familia, hermanos y amigos logramos salir avante– o al menos eso era lo que creíamos.
Creo que todos hemos estado ahí; en ese momento en que pensamos, “¿por qué a mí?”. En ocasiones, las estadísticas juegan con nuestra mente. Según el médico que intervino a mi papá en el 2019, existe sólo un 3% de posibilidades de que la aplicación de Stents no sea óptima para el paciente. ¿Ya llegaste a la deducción lógica? Si pensaste que el cuerpo de mi papá rechazó lo Stents, estás en lo correcto. En un momento, antes de que el doctor nos dijera algo, presentí las malas noticias y mi corazón [irónicamente] se podía ver a través de mi camiseta.
“De los más de ochocientos pacientes que he intervenido”, dijo el Doctor, “tal vez tres han tenido este tipo de complicaciones.”
Mi papá es uno de esos casos rarísimos que no asimilan los Stents. Tres de los cuatro que fueron aplicados se taparon casi por completo en cuestión de diez meses.
“Lo único que nos queda en este momento es la cirugía de corazón abierto”, continuó el doctor.
Dany, Andy y yo estábamos helados al escuchar el diagnóstico. Dejando a un lado el sentimiento de angustia, mi cabeza calculadora comenzó a hacer números, como de costumbre. De las primeras cosas que nos dijo el doctor luego de la noticia fue,
“La situación de su papá es sumamente delicada y se tiene que intervenir lo más pronto posible… pero el aspecto económico es una de las cosas que detiene este tipo de cirugías porque es una inversión fuerte…”
Yo pensé, “si se hace la operación aquí [en el Hospital Escuela], el gasto va a ser más alto que el del cateterismo, pero vamos a poderlo cubrir, como la vez pasada.” Mis esperanzas, siempre altas, se conmovieron en un instante.
“… lastimosamente,” continuó diciendo, “estas cirugías normalmente se hacen en el Hospital del Tórax y ahorita está inhabilitado por que sólo se están atendiendo pacientes graves producto de la crisis mundial de salud. Lo único que nos queda es operarlo a nivel privado.”
Ese mismo día salimos del hospital, cabizbajos y con una nube negra sobre nosotros. Mientras Andy y yo íbamos rumbo a la casa con mi papá, Danny fue a cotizar la cirugía en el lugar donde los médicos nos aseguraron sería la única opción viable. Al recibir el estimado base de la cirugía, nos dimos cuenta de lo difícil que iba ser todo este proceso. Ya con ese estimado, comencé a consultar con varios de mis amigos médicos. Cada uno de ellos martilló un poquito más ese clavo de la realidad en mi mente. La cifra fácilmente se podría duplicar. En lo que a costos se refiere, este tipo de cirugía sólo es superada por las cirugías neurológicas.

En su momento, hace un año, pensábamos que estábamos pasando por una crisis grandísima. No sabíamos que la providencia de Dios nos traería a este punto en el que el año pasado parece un juego de niños en comparación.
Ahorita, mi papá está en casa, rodeado de su familia. Sus nietos lo visitan todos los días. Está contento y se siente bien físicamente. Su corazón está funcionando bien, dentro de lo que cabe. Pero, según los médicos, en cualquier momento puede partir, si los bloqueos en sus arterias terminan de cerrarse. Eso podría pasar en cualquier momento.
Urge la cirugía. No tenemos el dinero para pagarla y mi papá está “de un hilo”. Como hijo, no puedo más que esforzarme al máximo para salvar la vida de mi papá. Tengo fe. Fe en que Dios ha puesto frente a nosotros muchos medios por los cuales Él puede proveernos para preservar la vida del viejo. Tengo fe en que Dios es soberano y tiene el control absoluto sobre cada átomo del universo. Tengo fe, no solamente en que Dios es soberano, sino que es Sabio, Bueno y Amoroso. No hay nada que pase en este mundo que no esté bajo su control soberano, sabio, bueno y amoroso.
Cómo lo dije en la campaña de hace un año: apelamos, no a la excelencia de mi papá. Apelamos a la gracia de Dios que se manifiesta a través de aquellos que nos rodean. Si Dios ha permitido que usted sea un canal por el que Sus bendiciones se dirijan hacia nuestra vida, agradeceríamos mucho como familia su apoyo económico.

Agradezco a Dios grandemente por aquellos que siempre nos han apoyado de una u otra manera. Agradezco a todos los que nos apoyaron en lo que fue, en su momento, la prueba más grande que pasamos como familia, en noviembre del año pasado. Y agradezco de antemano a todos los que nos seguirán apoyando con sus oraciones, ánimos y ayudas.
De paz inundada mi senda ya esté
O cúbrala un mar de aflicción,
cualquiera que sea mi suerte, diré:
Estoy bien, tengo paz, ¡Gloria a Dios!
It Is Well With My Soul
Horatio Spafford
As some of you may know, less than a year ago, my dad suffered from a heart attack which forced doctors to use four stents on his heart, three more stents than we expected. That was a huge financial blow to us, but thanks to the support of family, brothers and sisters, and friends we managed to get ahead of the crisis– or at least that's what we thought.
I think we've all been there; moments when we think to ourselves, "why me?". Sometimes stats play with our minds. According to the doctor who first treated my dad in 2019, there is only a 3% chance that using stents will not be optimal for the patient. Have you reached the logical conclusion yet? If you thought my dad's body rejected the stents, you're right. At one point, before the doctor told us anything, I had a bad feeling and my heart [ironically] could be seen, pumping through my T-shirt.
"Of the more than eight hundred patients I’ve used stents with," the Doctor said, "three or less have had these kinds of complications."
My dad is one of those rare cases in which stents don't help. Three out of the four stents that were placed were almost completely blocked in less than ten months.
"All we have left right now is open-heart surgery," the doctor continued.
Danny, Andy and I froze while hearing those words. Leaving aside the feeling of anguish, my calculating brain started crunching numbers, as usual.
"Your dad's situation is extremely delicate and you have to operate as soon as possible… but the economic aspect is one of the things that can delay this type of surgeries because it is a huge investment..."
I thought to myself, "If my dad gets operated here [at the public state hospital in Tegucigalpa, Honduras], the expenses are going to be higher than that of catheterization, but we're going to be able to cover it, like we did last time." My hopes, always high, were moved in an instant.
"... unfortunately," he continued, "these surgeries are usually done at the Thorax Hospital [another Honduran public state hospital] and right now the hospital is packed and not taking any patients due to the current health crisis. Our only option at this moment is a private hospital."
As we left the hospital, a black cloud soared over us. While Andy and I were on our way home with my dad, Danny went to quote the surgery at the hospital where the doctors assured us would be the only viable option. Upon receiving the estimated basis of the surgery, we realized how difficult this whole process was going to be. With the estimate in our hands, I spoke with several of my friends who are doctors. Each of them hammered that nail of reality a little more into my mind. That estimated cost could easily be doubled. In terms of costs, this type of surgery is only overcome by neurological surgeries.

A year ago, we thought we were going through a tough crisis. We didn't know that God's providence would bring us to this point where last year is child's play by comparison.
Now, my dad's home, surrounded by his family. His grandchildren visit him every day. He's happy and feels good physically. His heart is working well, as far as can be expected. But, according to doctors if the obstructions in his arteries block completely, he will pass away suddenly. This could happen any time now.
Surgery is urgent. We don't have the money to pay for it, and my dad's “hanging by a thread”. As a son, I can only try my best to save my dad's life by any means possible. I have faith. Faith that God has put before us many means by which He can provide us what we need to help preserve the old man's life. I have faith that God is sovereign and has absolute control over every atom in the universe. I have faith, not only that God is sovereign, but that he is Wise, Good, and Loving. There is nothing that happens in this world that is not under his sovereign, wise, good, and loving control.
As I said in last year’s fundraising campaign: we appeal, not to my dad's excellence. We appeal to the grace of God manifested through those around us. If God has allowed you to be a vessel by which His blessings turn to our lives, we would be incredibly grateful as a family for your financial support.

I thank God very much for those who have always supported us in one way or another. I thank everyone who supported us in what was at the time the hardest trial we had gone through as a family, in November last year. And I thank in advance all those who will continue to support us with their prayers, encouragement, and help.
When peace like a river, attendeth my way,
When sorrows like sea billows roll
Whatever my lot, thou hast taught me to say
It is well, it is well, with my soul
It Is Well With My Soul
Horatio Spafford
---------------------------
Como muchos de ustedes lo saben, hace menos de un año, mi papá sufrió de un ataque cardíaco que obligó a los médicos a aplicarle cuatro stents, tres más de los que esperábamos. Eso para nosotros fue un golpe durísimo, pero gracias al apoyo de familia, hermanos y amigos logramos salir avante– o al menos eso era lo que creíamos.
Creo que todos hemos estado ahí; en ese momento en que pensamos, “¿por qué a mí?”. En ocasiones, las estadísticas juegan con nuestra mente. Según el médico que intervino a mi papá en el 2019, existe sólo un 3% de posibilidades de que la aplicación de Stents no sea óptima para el paciente. ¿Ya llegaste a la deducción lógica? Si pensaste que el cuerpo de mi papá rechazó lo Stents, estás en lo correcto. En un momento, antes de que el doctor nos dijera algo, presentí las malas noticias y mi corazón [irónicamente] se podía ver a través de mi camiseta.
“De los más de ochocientos pacientes que he intervenido”, dijo el Doctor, “tal vez tres han tenido este tipo de complicaciones.”
Mi papá es uno de esos casos rarísimos que no asimilan los Stents. Tres de los cuatro que fueron aplicados se taparon casi por completo en cuestión de diez meses.
“Lo único que nos queda en este momento es la cirugía de corazón abierto”, continuó el doctor.
Dany, Andy y yo estábamos helados al escuchar el diagnóstico. Dejando a un lado el sentimiento de angustia, mi cabeza calculadora comenzó a hacer números, como de costumbre. De las primeras cosas que nos dijo el doctor luego de la noticia fue,
“La situación de su papá es sumamente delicada y se tiene que intervenir lo más pronto posible… pero el aspecto económico es una de las cosas que detiene este tipo de cirugías porque es una inversión fuerte…”
Yo pensé, “si se hace la operación aquí [en el Hospital Escuela], el gasto va a ser más alto que el del cateterismo, pero vamos a poderlo cubrir, como la vez pasada.” Mis esperanzas, siempre altas, se conmovieron en un instante.
“… lastimosamente,” continuó diciendo, “estas cirugías normalmente se hacen en el Hospital del Tórax y ahorita está inhabilitado por que sólo se están atendiendo pacientes graves producto de la crisis mundial de salud. Lo único que nos queda es operarlo a nivel privado.”
Ese mismo día salimos del hospital, cabizbajos y con una nube negra sobre nosotros. Mientras Andy y yo íbamos rumbo a la casa con mi papá, Danny fue a cotizar la cirugía en el lugar donde los médicos nos aseguraron sería la única opción viable. Al recibir el estimado base de la cirugía, nos dimos cuenta de lo difícil que iba ser todo este proceso. Ya con ese estimado, comencé a consultar con varios de mis amigos médicos. Cada uno de ellos martilló un poquito más ese clavo de la realidad en mi mente. La cifra fácilmente se podría duplicar. En lo que a costos se refiere, este tipo de cirugía sólo es superada por las cirugías neurológicas.

En su momento, hace un año, pensábamos que estábamos pasando por una crisis grandísima. No sabíamos que la providencia de Dios nos traería a este punto en el que el año pasado parece un juego de niños en comparación.
Ahorita, mi papá está en casa, rodeado de su familia. Sus nietos lo visitan todos los días. Está contento y se siente bien físicamente. Su corazón está funcionando bien, dentro de lo que cabe. Pero, según los médicos, en cualquier momento puede partir, si los bloqueos en sus arterias terminan de cerrarse. Eso podría pasar en cualquier momento.
Urge la cirugía. No tenemos el dinero para pagarla y mi papá está “de un hilo”. Como hijo, no puedo más que esforzarme al máximo para salvar la vida de mi papá. Tengo fe. Fe en que Dios ha puesto frente a nosotros muchos medios por los cuales Él puede proveernos para preservar la vida del viejo. Tengo fe en que Dios es soberano y tiene el control absoluto sobre cada átomo del universo. Tengo fe, no solamente en que Dios es soberano, sino que es Sabio, Bueno y Amoroso. No hay nada que pase en este mundo que no esté bajo su control soberano, sabio, bueno y amoroso.
Cómo lo dije en la campaña de hace un año: apelamos, no a la excelencia de mi papá. Apelamos a la gracia de Dios que se manifiesta a través de aquellos que nos rodean. Si Dios ha permitido que usted sea un canal por el que Sus bendiciones se dirijan hacia nuestra vida, agradeceríamos mucho como familia su apoyo económico.

Agradezco a Dios grandemente por aquellos que siempre nos han apoyado de una u otra manera. Agradezco a todos los que nos apoyaron en lo que fue, en su momento, la prueba más grande que pasamos como familia, en noviembre del año pasado. Y agradezco de antemano a todos los que nos seguirán apoyando con sus oraciones, ánimos y ayudas.
De paz inundada mi senda ya esté
O cúbrala un mar de aflicción,
cualquiera que sea mi suerte, diré:
Estoy bien, tengo paz, ¡Gloria a Dios!
It Is Well With My Soul
Horatio Spafford

