- E

Hola, mi nombre es Emely Mora, tengo 28 años y hoy quiero compartir una parte muy delicada de mi historia, con la esperanza de que puedan comprender mi situación y, si está en sus posibilidades, brindarme su apoyo.
El 24 de octubre de 2025, cuando me encontraba en la semana 10 de embarazo, fui diagnosticada con una trombosis venosa profunda en mi pierna izquierda. En los estudios médicos se detectaron dos trombos en venas profundas y uno en una vena superficial, lo que hizo necesario permanecer hospitalizada durante 12 días bajo estricta supervisión médica.
Debido a mi embarazo, el único tratamiento seguro que puedo recibir es enoxaparina, un anticoagulante que debo inyectarme dos veces al día (60 mg cada dosis). Este medicamento es vital para mi salud y la de mi bebé, ya que ayuda a disolver los trombos existentes y evita que se formen nuevos.
Actualmente, cada inyección tiene un costo aproximado de $12, lo que representa un gasto diario muy alto, al que se suman múltiples exámenes médicos necesarios para determinar la causa de esta condición.
Lo más difícil de comprender es que siempre he sido una persona sana, no tengo vicios, no padezco enfermedades previas y no existen antecedentes hereditarios en mi familia. Aun así, esta situación llegó de forma inesperada y cambió por completo nuestra realidad.
Para que mi bebé y yo podamos llegar bien al momento del parto, debo mantener este tratamiento durante todo el embarazo. Hoy me encuentro en la semana 24, y cada día es un paso de fe y de esfuerzo.
Tengo una hija de 7 años, mi primer amor, una niña dulce, respetuosa y cariñosa, la alegría de nuestro hogar. También tengo a mi esposo, un hombre de gran corazón, quien ha sido mi fortaleza y mi apoyo incondicional en medio de este proceso tan duro.
Mis padres, hermanos, familiares, amigos y personas cercanas han estado presentes de muchas formas, y por eso doy gracias a Dios, porque no me ha soltado ni un solo momento.
Hoy recurro a esta ayuda porque el tratamiento es costoso, pero indispensable. Cualquier aporte, por pequeño que parezca, marca una gran diferencia y nos acerca un poco más a la tranquilidad y a la esperanza.
Gracias por tomarse el tiempo de leer mi historia, por compartirla y por acompañarnos con su apoyo, sus oraciones y su solidaridad.






