Una bocanada para otro grito de libertad

Nadie lo nota hasta que le falta. Respirar es la traducción física de la vida. Y quien se aferra a la vida no encuentra obstáculos ni siquiera en la falta de aire.

Como una periodista que vive en Venezuela, en la peor de las circunstancias, Ana María Matute, mi tía y colega, ha asumido que su misión es hacer visible las atrocidades del chavismo. Por esa razón permaneció mucho tiempo trabajando en el periódico El Nacional, aun cuando es un medio que ha sufrido los peores ataques del régimen y mantiene sus puertas abiertas con el mayor de los sacrificios.

Ese sacrificio se extiende a su redacción, de la que Ana fue parte durante 16 años y que solo dejó cuando se dedicó a terminar la investigación hemerográfica para el documental Chavismo: la peste del siglo XXI.

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Pero luego volvió al periódico para aportar su grano de arena en una de sus mayores transformaciones en los 75 años de historia que tiene. Dejó de ser papel porque no pudieron importarlo más. Ana se sintió con la obligación de no dejar que muriera del todo, a pesar de que no podía vivir con el sueldo que le pagaban. Era una obligación moral que se impuso.

Ni siquiera cuando comenzó a sentir que se ahogaba, dejó de ir a trabajar. Los grandes apagones que afectaron Caracas deterioraron aún más las instalaciones de la sede, pero Ana se empeñaba en subir los tres pisos para llegar a su puesto en la redacción. No podía dar un paso sin que le faltara el aire. No abandonó su puesto ni su equipo de reporteros sino cuando se hizo evidente que su pulmón derecho estaba completamente colapsado.
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Ana, así lo creemos todos los que la queremos, es un milagro viviente salido de las manos de los médicos venezolanos que, como ella, aún luchan por ejercer su profesión con uñas y dientes. Reunió dinero y se hizo varios exámenes médicos.

Los exámenes revelaron que tenía un derrame pleural derecho que ocupaba todo el hemitórax. Un antiguo compañero de liceo de sus hermanos, neumonólogo de profesión, le hizo una toracocentesis diagnóstica y terapéutica junto con un anestesiólogo que tampoco cobró honorarios.

En ese procedimiento aprovecharon para hacerle una biopsia del pulmón, para averiguar el origen del derrame, pero Ana hizo un neumotórax que le comprometió hasta el abdomen superior.

Había que correr. Y cuando digo que Ana es un milagro viviente es porque llegó a un hospital público en el que le pusieron un tubo de tórax. Le drenaron el líquido, pero también se contagió con una neumonía. No fue culpa de los médicos, ocurre que ese centro de salud, como todos en Venezuela, presenta terribles condiciones de salubridad.

Pese a esas condiciones, Ana permaneció 26 días en el hospital donde, finalmente, le confirmaron que tiene cáncer de pulmón, estadio IV con metástasis a pleura. Su reacción inicial y es la actitud que ha mantenido hasta ahora, es que ella, y todos, su alrededor, haremos lo imposible por salvar su vida, aunque ella, como periodista, sabe que los medicamentos no se consiguen y que, además, para comprarlos afuera hace falta mucho dinero.

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“Nunca pensé en que moriría. Mi preocupación era conseguir el tratamiento para sacar esto de mi pulmón”, nos ha dicho Ana muchas veces. Lleva seis meses de tratamiento con Erlotinib y ha progresado bien, pero ahora debe someterse a quimioterapia. Ha buscado por más de un mes los medicamentos y no los consigue. En las farmacias del Gobierno le dicen: “Tienen tiempo sin llegar”.

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Ha recibido ayuda, mucha. Ha recibido amor, mucho. Y Ana agradece a todos y cada uno de los que le han hecho aportes desinteresadamente para que ella pueda superar esta prueba. Pero lamentablemente necesita más, y por eso debe acudir a esta plataforma para llegarle a más personas.

Las sesiones de quimio que Ana necesita, los exámenes de seguimiento que debe hacerse y las evaluaciones periódicas con su médico especialista suman 15 mil dólares que no tenemos, pero que esperamos reunir con su aporte y ayuda. La situación con la emergencia del novel coronavirus y la condición de Ana, nos obliga a realizar este tratamiento en una clínica privada con el menor riesgo sanitario posible, lo cual no está garantizado en el sistema de salud público. También debemos importar de forma independiente algunos de los medicamentos para Ana ya que no están disponibles en Venezuela.

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Ana María Matute no ha dejado de trabajar, no ha dejado de escribir, no ha dejado de denunciar las aberraciones del régimen criminal que aun impera en Venezuela. Su mayor deseo es poder decirle al mundo que tanto Venezuela como ella superaron la mayor de las pestes. 

Gracias en nombre de la familia Matute.

Ángel Matute.


#AyudaAnaMatute
https://twitter.com/anammatute

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