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Vera es una niña maravillosa.
Ríe, siente, entiende mucho más de lo que la mayoría imagina…
pero no puede hablar.
Tiene una discapacidad neurológica que afecta a su desarrollo motor y cognitivo. A día de hoy, Vera no puede expresar con palabras lo que quiere, lo que necesita o lo que siente. Todo lo hace a través de gestos, miradas y pequeños sonidos que solo quienes convivimos con ella aprendemos a interpretar.
Pero Vera tiene derecho a algo fundamental: a comunicarse.
Por eso necesita un comunicador.
Un dispositivo de comunicación aumentativa y alternativa que le permitiría elegir, pedir, rechazar, opinar y participar en el mundo. Que le daría una voz propia, autonomía y dignidad.
No es un capricho.
Es una herramienta básica para su desarrollo, su aprendizaje y su bienestar emocional.
El problema es que la Seguridad Social no lo cubre.
Y el coste del comunicador, junto con el software y la adaptación personalizada que necesita Vera, asciende a unos 10.000 €.
Para nuestra familia es una cantidad inasumible.
Ya afrontamos cada mes múltiples terapias, desplazamientos y materiales que tampoco están cubiertos. Aun así, seguimos porque sabemos que cada avance cuenta.
Este comunicador puede marcar un antes y un después en la vida de Vera.
Puede permitirle decir “sí”, “no”, “me gusta”, “me duele”, “quiero eso”.
Puede permitirle ser escuchada.
Por eso hoy pedimos ayuda.
Con miedo, pero con mucha esperanza.
Cualquier aportación, por pequeña que sea, nos acerca a que Vera tenga voz.
Y si no puedes colaborar económicamente, compartir también es ayudar.
Gracias por leernos y por creer que todos los niños merecen ser escuchados






